¿Qué me ocurrió este verano? Conexión, sentido de pertenencia y neuroventas

Este verano me ocurrió algo muy significativo que me hizo ver con total claridad lo que es el sentimiento de conexión y el sentido de pertenencia.

Esto que me ocurrió, a su vez, lo acabé relacionando con el mundo de las ventas, mejor dicho con el mundo de las neuroventas. Y te lo quiero contar todo en este post.

Comienzo con lo que me ocurrió…

Algo relacionado con la conexión…

Lo que ocurrió es que volvía de viaje y se me estropeó el móvil.

¿Eso es todo?…

No, hay más.

No sé si te ha ocurrido, pero cuando te quedas sin móvil porque se te rompe, se te pierde, no recuerdas dónde lo has dejado… empieza a entrarte una especie de sutil (o no tan sutil) taquicardia que suele ir acompañada de sudores fríos y un sentimiento generalizado de Por Dios, esto no, cualquier otra cosa pero que no me quede sin móvil…

Si te paras a pensarlo es bastante absurdo, porque un móvil, al menos de los que yo uso, cuesta unos 200 euros, y eso es lo que se gasta cualquier persona media en un día de cena para dos y unas copas.

Entonces reflexioné y vi que no, que no era el coste del móvil, el tener que comprarte otro… Eran los datos, la conexión con el mundo, era perderte el hilo invisible que te une a tu entorno (familiar, profesional, amistoso…).

Empiezan a entrarte sudores fríos porque ves que te quedas fuera del clan, que no puedes llamar ni que te llamen, que no puedes estar conectado… Y ahí es a donde voy.

Pero deja que te siga contando con más ejemplos.

Otro ejemplo sobre el sentimiento de conexión y el sentido de pertenencia

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Voy a contar algo que es un poco escatológico y guarrillo. Como tenemos confianza, no pasa nada😃 .

A veces, como todos, imagino, voy al baño y cierro la puerta.

Y no falla. Hasta hace poco tenía al instante a mi hija pequeña pegada a ella tocando y llamándome…

No creas que era para informarme de que había fuego en la casa, o estaban robando o alguien había venido a asesinarnos. No, solían ser cosas más peregrinas, por ejemplo: Papá, ¿qué vas a hacer cuando salgas?

Si le decía lo típico (cariño, papá está en el baño, ¿puedes esperar un poquito?), me decía Vaaaaleee…

Pero no se iba. Continuaba pegada a la puerta, apoyada en ella, pasando la mano por ella, acariciándola, haciendo pequeños ruiditos, mientras yo sentía su respiración como un velociraptor acechándome…

¿Qué ocurría? ¡Que no se iba! Necesitaba estar conectada. Necesitaba sentir que yo estaba ahí y que ella estaba ahí y que yo sabía que ella estaba ahí… No podía sentir la separación. No podía sentir (esto es muy irracional, lo sé, pero es lo que es), que no estaba sola en el mundo.

Evidentemente no estaba sola y cualquier persona entiende que un padre está ahí para todo, pero ella sentía a nivel inconsciente, biológico, que debía hacer todo lo posible por continuar sobreviviendo, por no perder la conexión… Y para ello tenía que llamar mi atención continuamente.

Y el clásico de los clásicos…

Cuando los niños te ven hablando con alguien, o haciendo carantoñas al hijo de tus amigos, o hablando por el móvil… ya están ahí, pegados.

Papá, papá… Papi, papi…

¿Qué ocurre, cariño, no ves que estoy hablando?

¡Pues claro que lo veo! Pero necesito estar conectado… necesito sentir que el mundo, o sea tú, no me abandona, necesito sentir que sigo formando parte de este mundo, necesito conexión, pertenencia, necesito sobrevivir, necesito sentir el sentido de pertenencia, necesito sentir que formo parte de algo más grande, algo que me trasciende como persona física.

Necesito supervivencia.

Más ejemplos. Los grupos de whatsap

Como todos, qué remedio, estoy en algunos grupos de WhatsApp, los imprescindibles.

Mi actividad suele ser bastante escasa, es decir no suelo decir ni aportar nada, me limito a estar, así de soso soy.

Lo curioso es que, pasando como paso, si un día alguien dijera: “a Agustín Grau, que permanece en modo florero en este grupo, expulsadle, para no decir nada no hace falta que esté”, si ocurriera eso, como digo, me entrarían los sudores fríos como cuando se me estropea el móvil.

¿Por qué? Porque yo paso, sí, pero no hasta el punto de no estar, o mejor dicho, no hasta el punto de no sentir que estoy.

Necesito permanecer en mi mundo paralelo, abstraído, pero sin que se rompa el hilo umbilical que me une al otro. Necesito, a niveles inconscientes, biológicos, eso sí, estar conectado y sentir el sentido de pertenencia.

¿Qué relación tiene la conexión y el sentido de pertenencia con el cerebro reptil y las neuroventas?

Porque de eso se trata: del cerebro reptil.

En otras ocasiones ya hemos hablado del fascinante mundo de las neuroventas y este cerebro.

>> Aprende aquí más sobre neuroventas <<

>> Aprende aquí más sobre cerebro reptil <<

Básicamente se trata de que las decisiones de compra están motivadas en su mayor parte por motivos inconscientes, desconocidos por nosotros mismos. Motivos biológicos, irracionales, que están ahí aunque no sepamos que están.

Dicho de otra forma, creemos que compramos algo por un motivo muy racional y lógico (me hace falta, está económico…), pero en realidad hay argumentos puramente biológicos, irracionales, que son los que priman y determinan nuestra decisión.

Esos argumentos desconocidos tienen que ver con el cerebro reptil de las personas, la parte, por decirlo de alguna forma, más antigua de nuestro cerebro, aquella que comenzó a formarse en los albores de nuestra civilización.

Esos argumentos primitivos se corresponden con lo que Jurgen Klaric denomina códigos reptiles: los verdaderos resortes ocultos en nosotros que se activan ante determinados estímulos y provocan que compremos. Fíjate tú la cosa.

Todo esto, repito, es muy irracional e ilógico, pero está ahí y ha sido comprobado. Y puedo decirte que cuando te tocan uno de esos códigos compras.

Carlos Castaneda, que no tiene nada que ver con las neuroventas, pero que es uno de mis referentes a nivel interior y espiritual, hablaba (más bien su maestro) del poder succionador que el mundo tiene sobre nosotros.

Venía a decir que no puedes escapar del mundo. El mundo te atrapa, te atrae, te succiona, su fuerza centrípeta impide que te escapes. Igual que hay una fuerza de la gravedad que impide que salgas volando, hay una fuerza extraña, succionadora, que impide que vivas, al menos al 100%, en tu mundo paralelo. Tienes que estar con la masa.

Por eso cuando eres joven te pones muy digno con tus principios y tus consideraciones, pero cuando tienes niños empiezas a guardarlos en el cajón (los principios, no los niños) y terminas yendo al Burguer King sin ningún rubor con el resto de niños de la clase (es un decir).

Porque tú eres muy digno, sí, pero lo primario, lo biológico y lo irracional es que no puedes soportar ver a tu hijo excluido del grupo, te aterra la sangre, te carcome por dentro. Y te entran sudores fríos.

Por eso todos hemos terminado más de una vez, más de las deseables, en el Burguer King haciéndole la foto a los niños con el gorrito de las narices. Quién lo diría, tan dignos que éramos.

La pertenencia y la conexión a la hora de vender

¿Has visto esos reclamos que dicen: no te quedes fuera, únete a nosotros…?

Son una llamada al sentido de pertenencia, a la tribu, al clan. Tú, que eres como nosotros, no puedes quedarte fuera, porque fuera no vas a sobrevivir, recuerda cuando eras un troglodita, te separabas de la manada y te comían los dinosaurios (o lo que fuera).

Quizá pienses que de los dinosaurios y las manadas hace ya mucho tiempo, pero te equivocas. Ahora te ves con un manojo de papeles bajo el brazo y el móvil (que ya lo has arreglado) en la oreja y piensas que eres todo un señor y toda una señora. Pero no nos engañemos: has sido mucho más tiempo troglodita que señor y señora.

Si en una bolsa ponemos los años que has andado por las ramas de los árboles y en otra los que has ido con los papeles bajo el brazo (y el móvil en la oreja) pesan mucho más los primeros.

Lo que quiero decir es que tus miedos y sentimientos atávicos y ancestrales están grabados a fuego en ti y a poco que te los toquen saltas (y compras).

Pero eso no tiene porqué ser nada inmoral, feo, obsceno…

Me explico: tú puedes apelar a ese sentimiento en tus ventas sin manipular ni coaccionar, sino simplemente para hacer ver a la gente que algo le conviene porque a la mayoría que son como él/ella le conviene. Porque los que son de su especie lo usan y, si lo hacen, debe ser por algo, luego planteátelo.

Y te voy a poner un ejemplo de algo que vendo yo mismo.

Ale, ya está haciendo publicidad…

Pues no me lo había propuesto, la verdad, pero es que me viene al pelo (o la ocasión la pintan calva, puestos a decir clichés).

Como sabrás, a través de una empresa compartida comercializo un software de facturación para autónomos y pymes. Por cierto, si eres autónomo o pyme te convendría tenerlo, puedes hacer clic en el enlace anterior (no me he podido resistir).

En los primeros tiempos comprobamos mi socio y yo, por medios y sistemas internos que manejamos, que más de  un tanto por ciento de usuarios estaban super satisfechos y recomendarían el programa sin dudarlo.

Por eso en algunas de las páginas de ventas del producto puedes leer lo anterior: que más de un determinado porcentaje de usuarios…

Decir y poner eso tiene una clara finalidad que guarda relación con el sentimiento de pertenencia. Los autónomos que usan este programa creen que es una maravilla, luego lo más normal es que tú, que eres como ellos, autónomo, también pienses lo mismo cuando lo conozcas.

Tú no quieres quedarte descolgado del grupo de los autónomos, tu clan, tu tribu, porque fuera no sobrevives, y para ello debes hacer lo que hacen los autónomos, usar lo que usan, conocer las leyes que conocen, utilizar los argumentos que utilizan… Necesitas estar conectado con ellos, necesitas sentir que estás con ellos.

Puedes ponerte todo lo solemne que quieras y decir que tú no eres así. Yo solo te digo que más del 90% de ti no lo conoces.

En fin, esto se ha hecho un poco largo, pero espero que haya merecido la pena.

Un fuerte abrazo y, por favor, compártelo en alguna de tus redes, si eres tan amable, porque a mí me ayudas mucho y seguro que a otros lectores también 🙏.

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3 comentarios en «¿Qué me ocurrió este verano? Conexión, sentido de pertenencia y neuroventas»

  1. Buenos días Agustín.
    Hay que reconocer que tu post es realmente brillante. Empiezas de una forma imaginativa y con un sentido del humor muy elegante para introducir el asunto, luego lo tratas con un lenguaje muy sencillo pero que llega más allá de lo racional. Fantástico artículo y fantástica la forma de introducirlo. Muchas gracias por estar ahí. Siempre aprendo. Gracias, gracias, gracias…..

    Responder
  2. Hola Agustin, muy didactico como siempre.

    Al final se trata de oprimir esos botones que todos tenemos.

    Son los botonoes que como consumidores todo el tiempo nos los estan oprimiendo en la television, internet etc.

    Es bueno saber que tambien los podemos oprimir para nuestras emprendimientos.

    saludos!

    Responder

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