Fracaso en los negocios. Es que se veía venir…

El fracaso en los negocios es una realidad (triste, claro) en muchos casos, pero a veces las cosas son tan evidentes que lo raro sería acertar…

Te diré algo: me pasa una cosa: no veo muertos, como el niño de El sexto sentido, pero sí intuyo cosas en cuestión de segundos.

Me pasa algo así: voy por la calle, paseando, pensando en mis cosas, observando la existencia, hablando con alguien (si voy con alguien, claro, todavía no he llegado a hablar solo) y de repente mi vista se detiene en un comercio, me detengo yo mismo, entorno los ojos y digo, como poseído por la gracia divina: esto va a cerrar.

Y a las pocas semanas paso de nuevo y está cerrado.

¡Qué gafe eres!

Nooo…, es que hay cosas que se ven venir. O quizá no tanto, quizá solo lo veo yo, pero para mí es tan evidente…

También hay que decir algo:

El fracaso empresarial en realidad no es tal

Quiero decir que a todos nos da mucha rabia perder dinero, pero lo que ocurre en muchos casos es que simplemente no alcanzamos los objetivos que queríamos.

Puede ser que nos hubiéramos marcado unos ingresos X al mes y no los alcanzamos, nos quedamos muy por debajo. ¡Hemos fracasado!

O puede ser que nos arruinemos pero ese aprendizaje nos permite volver a hacerlo sobre seguro, de otra forma, y entonces ganamos mucho más de lo que pensábamos al principio, con lo que si hacemos la media…

 En definitiva, que no pasa nada por fracasar. Se vuelve a hacer y punto. Como decía aquel, ya conoces una manera de no hacerlo, ya conoces una manera equivocada, te queda menos para el éxito

Si aprendemos, claro. La cuestión es que no aprendemos.

Este es un ejemplo concreto de fracaso en los negocios

Bueno, pues iré a un caso concreto.

Hace unas semanas paseaba por la ciudad.

Observé que en un lugar céntrico habían abierto una tienda de especias, cafés, tes, infusiones, etc.

Hasta aquí todavía no hay indicios de fracaso. La chica tiene derecho a tener su tienda, claro.

La cuestión es que:

1.- El diseño de los productos era como super mega moderno. Los especieros, por ejemplo, o los recipientes para la sal, eran algo así como esto:

Vamos, que te dicen que es pimienta y te lo crees, pero parece una nave espacial, te da la sensación de que de un momento a otro va a salir un extraterrestre reptando por la rejilla…

2.- Había una inmensa cantidad de posibilidades de elección. Podías elegir no sé cuántas clases de sal, no sé cuántas clases de pimienta… Infinitas posibilidades. Todas las sales del mundo a tu alcance. Todo de todo en múltiples formatos (todos psicodélicos, eso sí) y variantes.

Alguien podría decir: pues éxito seguro. Un producto que se consume, como el te, la sal…, con un diseño moderno y posibilidades de elección… Negocio redondo…

Sí, exacto, redondo, tan redondo que te caes derecho en el precipicio.

Porqué fracasa el negocio anterior (o porqué le quedan dos días a su dueña)

(Era una chica. La vi por el cristal. No era empleada. Tenía esa pose indiscutible de las dueñas)

Mis razones:

Primero.- La gente no está preparada para las revoluciones.

A la gente le gusta lo innovador, lo disruptivo, pero dentro de un orden. No está preparada para un cambio drástico de la noche a la mañana. Un bote de pimienta puede ser más bonito o más feo, más ergonómico o menos, pero no te puedes llevar a tu casa un artefacto que parece que te va a explotar de un momento a otro. La mente, eso, no lo tolera. A nivel de conversación banal, cuando estás hablando con los amigos tomando café, sí, pero el cerebro reptil es otra cosa.

La mente, en consecuencia, no acepta un cambio radical. Puedes aceptar recipientes de sal modernos, pero que se note que son recipientes de sal. Entonces, primera clave: novedad sí, pero dentro de un orden. Que vendas una mejora de algo ya existente, no algo totalmente distinto a lo existente.

(inciso mega importante -actualización-: acabo de tener la corroboración de esto.

No es que haya experimentado otro éxtasis divino de los míos, pero después de escribir y maquetar este artículo, leo en el libro de Seth Godin que llevo ahora entre manos: 

«Convertirse en el que establece la siguiente fase implica un salto: un salto hacia una nueva manera de hacer las cosas, de una forma un poco mejor y un poco inesperada. Aunque, si el salto es demasiado largo, la tribu no te seguirá».

El subrayado es mío. No podría haberlo dicho mejor. Él, claro, yo ni muerto. Pero me viene como anillo al dedo para que veas que no me invento las cosas… 😜.)

Segundo.- La mente, con tanta elección, se bloquea.

A todos nos gusta tener posibilidades de elegir, pero si las posibilidades son muchas nos bloqueamos. Yo soy el primero a quien le pasa.

Te gusta elegir entre pimienta blanca, negra y alguna moderna que hayan traído de por ahí, pero tener que elegir entre 15 pimientas… Pues no… Terminas yendo al Mercadona de toda la vida.

¿Por qué se confunde la gente con todo esto y fracasa?

Porque confunde el romanticismo con los negocios.

Tiene un ideal, un sueño, se visualiza en su tienda chic con sus tarritos, se emociona y se viene arriba.

Pero es que una cosa es el romanticismo y otra los negocios. O la realidad.

Quiero poner un negocio de cositas chachis de decoración. Qué bonito…

Quiero abrir una tetería con tes del mundo. Qué tierno…

Quiero abrir…

A ver: una cosa es lo que habita en tu mente y en el mundo de los sueños y la fantasía y otra la realidad. Y la realidad, a veces, muchas veces, dice que tu realidad no es la realidad de los demás… Pero no te preocupes, a mí también me pasa, creo que la gente es como yo, y claro, no es así, cada uno tiene su mapa (esto es PNL).

¿Qué es, entonces, lo que triunfa?

Sencillez.

Simplicidad.

Sentido común.

Cosas que sirvan, cosas que se consuman, envoltorio bonito (sin estridencias), precio adecuado, buen trato, buena postventa y una sonrisa en la boca.

Como toda la vida. Ya está.

Te he ahorrado un master en Harvard 😃.

Es el sentido común como clave del éxito del que hablo en este artículo (con otro ejemplo concreto).

Un abrazo!

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15 comentarios en “Fracaso en los negocios. Es que se veía venir…”

  1. El artículo es diáfano. No se puede decir mejor Agustín. Muchas gracias por toda la información que compartes en tu blog. Un saludo de un aprendiz.

  2. Hola Agustin, gracias por el artículo, yendo a lo del «salto» en el que pretendemos que nos siga la tribu en funsion de ser disruptivos y encontrar un posicionamimiento ventajoso en el mercado: Entiendo por tu articulo que debemos ser cautelosos con este salto? Y lo pregunto en relación a autores de libros comp Guy Kawasaki que inivita a ir por todo o nada con el ejemplo de saltos en ele mercado como los de apple, facebook o tan simples como el hielo que cortaban en invierno en los rios septentrionales de norte america para llevarlo a vender en carreta a domicio a tener tu propioncongelador en tu casa. ¿como conciliarias esa idea con el sentido comun del que gentilmente nos hablas en tu blog?

    • Hola Alejandro. Muy buen comentario y muy buena reflexión, te lo agradezco sinceramente.

      A ver, evidentemente lo ideal es hacer grandes cosas: crear grandes inventos, cambiar el mundo, solucionar la pobreza, el dolor, conseguir por fin un remedio incurable, una solución nunca imaginada… eso sería lo ideal, pero nos encontramos dos problemas:

      Uno, que por lo general la gente común y corriente (tú, yo, la mayoría…) es difícil que esté en condiciones de alcanzar eso (no es normal que tengamos ni el dinero ni los conocimientos).

      Otro, que la posibilidad de acierto es mínima, ínfima, y requiere grandes dosis de tiempo, paciencia y otras cosas (cuántos facebook y cuántas cocacolas no han fracasado…). Y eso ocurre por lo que digo en el artículo: que implantar grandes cambios en la mente de las personas es difícil; no todo el mundo está dispuesto a salir de la zona de confort, y cuesta trabajo, tiempo, medios… un sin fin de cosas.

      O sea que lo ideal, sí, sería lo que dices, pero ante su ínfima probabilidad de éxito quizá es mejor ir por pequeños pasitos mejorando lo existente y haciendo el mundo cada vez más cómodo. Porque ser un mesías, un inventor, un revolucionario… pues no es fácil. y la gente no sigue a todo el mundo…

      Un abrazo.

  3. Buenas Agustín! Aquí Jaír, de EfectiVida.
    Buenísimo tu artículo, como de costumbre. Me gustó mucho lo de las tres cosas a tener en cuenta para innovar con ciertas garantías. Por cierto, las tres palabras empiezan por “s”.
    Es duro entender esto, sobre todo a los que nos ilusionamos con proyectos, pero, como tú dices, es la pura realidad.
    Muchas gracias, una vez más.
    Saludos desde Las Palmas!

    • Gracias, Jair; es verdad, empiezan con la S, no me había dado cuenta, y la verdad es que yo también soy de fijarme en esas cosas…

      La ilusión, en los proyectos o en lo que sea, creo que es importante, porque es el motor de la acción. Sin emoción no hay acción, pero claro, después hay que llevar la emoción a la realidad y comenzar a utilizar la mente más analítica. Todo proyecto empresarial debe ser sostenible, debe generar ingresos, caso contrario está abocado al fracaso, por eso una vez determinado el paso a la acción creo que hay que se impone un poco de realismo.

      Un abrazo.

  4. Hola Agustín. Muy buenos días. Yo también considero que (en la mayoría de los productos) lo mejor es hacer y sacar al mercado productos elaborados con procesos simples, puesto que a mayor complejidad en su elaboración, mayor energía y costos se involucran. Esto hace al producto más caro y por tanto menos accesible.

    Quienes se dedican a la fabricación y/o comercialización de productos «exclusivos» requieren canales de distribución y venta «exclusivos».

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