¿Por qué el producto mínimo viable es casi la única forma de sacar adelante una empresa hoy en día?

Imagino que sabes lo que es un producto mínimo viable. Por si acaso lo voy a explicar y a dar respuesta a la pregunta del título.

Porque sinceramente, si eres emprendedor y no dominas estas cosas hoy en día es complicado que salgas adelante.

¿Qué es un producto mínimo viable?

Un producto mínimo viable es aquel que, en su mínima expresión, puede cumplir la mayor parte de sus objetivos o funcionalidades.

Es decir, se trata de la versión básica de algo que le permite ser lo que es, o llegar a donde quiere llegar o satisfacer lo que quiere satisfacer. No al 100%, claro está, pero sí en su mayor parte.

El producto mínimo viable, de esta forma, es lo contrario al producto perfecto, al producto que te pasas meses y meses estudiando, ideando y confeccionando… para luego rezar para que tenga buena acogida.

Eso ya no funciona hoy en día.

Antes sí, porque se pensaba que un buen producto era la clave de todo. Tengo un producto bueno y, por dicho motivo, va a triunfar. Hoy en día tener un buen producto es tan solo uno de los muchos elementos que hacen falta para que funcione.

¿Qué hacían antes las empresas, cuando no existía esta idea del producto mínimo viable?

Imagina que estamos unos años atrás. Imagina que puedes viajar al pasado (no tan remoto) y ver cómo se hacían las cosas entonces.

En ese pasado eres inquieto, emprendedor, tienes una gran idea y quieres lanzarla al mercado. Quieres crear una empresa para hacer o vender algo. Y fórrarte, claro. Cuanto más mejor.

¿Cómo saber si ese producto que has pensado o esa idea que has tenido va a funcionar o no? Pues la respuesta de entonces era acudir a estudios de mercado, grupos de enfoque, grupos de estudio, etc.

Se hacían estudios para saber qué es lo que quería u opinaba la gente por medio de preguntárselo en esos formatos. Una cosa sí como muy clasicona y formal…

Pero ocurría algo, y es que por regla general esas cosas no funcionaban (y no había otras).

Los motivos de su nula eficacia eran varios:

⇒ 1.- Si a la gente le preguntas algo te dice lo que piensa en ese instante, pero la gente cambia de opinión y para cuando esté tu producto terminado ya ha pensado otra cosa. Y claro, no le vas a decir: perdone, pero usted me dijo que le gustaba esto…

⇒ 2.- Las preguntas la gente generalmente las responde con su cerebro analítico y racional. Dicho de otra forma, se pone a pensar cuando les preguntas. Pero como ya hemos comentado en otras ocasiones, lo que determina los motivos de compra no son las razones lógicas, cabales y sensatas. Eso es muy mental. Lo que determina la compra son los impulsos básicos, primitivos, instintivos y emocionales. Y eso la gente no sabe ni que los tiene, y si lo sabe no conoce cómo encontrarlos o cómo averiguarlos.

Aquí puedes aprender más sobre las ventas y el cerebro

⇒ 3.- Las preguntas, por lo general, están mal hechas, luego las respuestas no sirven.

¿Le gusta este producto?

Sí, me encanta, es fantástico, sensacional…

Solo hay un pequeño detalle: se te ha olvidado preguntarle si estaría dispuesta a pagar por él.

A mí también me gusta la mansión de Tom Cruise, sólo que no puedo pagarla. La respuesta no te sirve para nada.

¿Cómo funciona la estrategia del producto mínimo viable?

Es muy sencillo. No puedes hacer cosas perfectas desde el primer momento (en realidad no las puedes hacer nunca).

No puedes perder tiempo dándole vueltas a las cosas, suponiendo o imaginando si a la gente le va a gustar esto o lo otro y rezando para que al final así sea.

Tienes que crear cosas básicas, lanzarlas al mercado en pequeña escala, comprobar su acogida, preguntar a la gente qué le parecen en ese momento y averiguar que mejorarían, cambiarían, eliminarían, sustituirían…

A la vista del feedback tienes que adaptar o mejorar el producto e ir lanzando y testando.

Para ser honestos, así habría que estar casi toda la vida.

Esta dinámica, claro, tiene sus cosas buenas y malas.

Empiezo por las malas (soy así de positivo): tu ego tienes que guardarlo en un cajón, debes dejar de estar enamorado de tu idea y tienes que pasar a un segundo plano: importa un pimiento lo que quieras tú, lo que importa es lo que quiera la gente. La idea es dejar de pensar en el producto (esa cosa maravillosa que habías pensado y que iba a revolucionar el mercado) para pasar a pensar en la gente.

Vale…

Lo bueno: esta estrategia te permite lanzar productos a diestro y siniestro. Vas a tener muy pocos costes y vas a tardar muy poco tiempo. Y dado que sólo van a seguir adelante los que funcionen, eso determina que puedes estar creando sin parar porque a lo que no funcione no vas a dedicarle tiempo. Ni dinero.

Un ejemplo muy, muy significativo

Hay un libro de Tien Tzuo que se llama Suscritos.

Aunque he puesto el enlace no puedo recomendártelo 100% porque es algo denso y le da muchas vueltas a las cosas. Además presenta muchos datos farragosos y se hace pesadillo de leer. Dice cosas interesantes, pero con 10 páginas le hubiera sobrado. Yo es que detesto dar vueltas…

Pone un ejemplo muy, muy significativo, que aunque no se correspondería totalmente con lo que estamos hablando, sí es muy significativo de la manera como funcionan las cosas hoy en día.

Es muy ilustrativo de cómo las empresas deben dejar de calentarse la cabeza adivinando qué es lo que quiere la gente para pasar a preguntárselo directamente a ella, pero en la forma adecuada, no como antes.

El ejemplo es el siguiente: hay una empresa que se dedica a comercializar cajas de aperitivos. Te suscribes, pagas x al mes, y te envían periódicamente a casa una caja con cositas para picar (y para engordar, imagino).

Claro, a cada uno le gusta un aperitivo diferente. A ti te pueden parecer una maravilla las patatas fritas con sabor a chuleta de cordero y yo puedo pensar que a dónde vas con esa guarrería…

¿Cómo se soluciona eso? Muy sencillo, preguntando a la gente qué quiere, preguntándole al cliente en ese momento concreto.

La primera caja que recibes lleva el contenido que más o menos funciona, el más consensuado. Y ahí mismo ya te están preguntando si te gusta esto, si te gusta lo otro, si consideras que las bolitas de no sé qué están muy picantes o no, si consideras que los taquitos de no sé qué vienen en cuantía suficiente o no…

La siguiente caja ya viene adaptada a tu perfil. Recibes (y sigues recibiendo, porque te siguen preguntando) exactamente lo que tú quieres. Y la verdad: es bastante difícil que se pueda fallar así. Recibes lo que quieres.

La empresa imagino que no produce todo ella misma, sino que tendrá un sistema de compra y entrega, un sistema de suministro… algo que le permita pedir o encargar lo que necesita, recibirlo, empaquetarlo y enviarlo. La empresa solo hace de intermediaria.

Eso tiene grandes ventajas. No tienes que producir, bajas los costes. Y siendo eso así puedes abrir las sucursales que quieras en los países que quieras. No hay casi incremento de costes. Que en China quieren patitas de langosta con kétchup, pues se las mandas; que en Francia quieren hojitas de menta rebozadas, pues se las mandas. ¿A ti qué más te da?

No tienes un producto, tienes un sinfín de productos, o un producto que se ramifica en muchos.

Y si te preguntan a qué se dedica tu empresa puedes responder que, en tu nicho, te dedicas a hacer feliz a la gente, o a contentarla o a darle lo quiere para que esté feliz.

Y te digo: la gente al final es muy básica…

¿Es el producto mínimo viable la nueva panacea?

Bueno, de momento funciona bien. Nunca se puede decir, porque el mundo cambia a velocidades pasmosas y cada vez hay más análisis y estudio sobre estos temas de empresa.

Lo único que puedo decirte (pedirte) es que, por favor, no gastes ingentes cantidades de tiempo, dinero y energía sin saber si algo va a funcionar o no. Y sólo vas a saberlo cuando lo lances; esa será la única prueba de fuego. No ejerzas de futurólogo, ni dediques como yo, en mi primer negocio, meses y meses a valorar posibles ideas.

Lanza la que más te guste, espera resultados y pregunta. Y dale a la gente lo que quiere. Es la auténtica fórmula del éxito.

Artículo relacionado: ¿quieres aprender a generar ideas de negocio?

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Muchas gracias 🙏.

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Escritor, formador y emprendedor. Hablo de libertad financiera, ingresos pasivos, infoproductos, crecimiento personal, talento y conocimiento. Me encantaría ayudarte a llegar a ese lugar en el que eres realmente tú y puedes generar riqueza. Mi lema: somos creadores, somos libres. También: libertad personal + libertad financiera = libertad total. (Si no quieres perderte nada, te invito a formar parte de la comunidad aquí).

16 comentarios en “¿Por qué el producto mínimo viable es casi la única forma de sacar adelante una empresa hoy en día?”

  1. Buenos días Agustín.

    Me ha parecido totalmente clarificador el artículo. La verdad que ya pensaba lo que aquí está escrito y ahora me llevo reforzado.

    Te descubrí hace unas semanas y desde entonces te estoy siguiendo. Muchas gracias por el contenido que creas.

    Me gustaría, en un futuro próximo, lanzar algún que otro infoproducto para ir obteniendo ingresos pasivos. En busca de la libertad financiera.

    Un saludo.

    Responder
    • Gracias, Manuel. Por lo general, ya sabemos las cosas en nuestro interior, por eso es muy agradable cuando luego comprobamos, al leer o ver algo, que era así, como pensábamos.

      Los infoproductos son una excelente manera de generar ingresos pasivos y poder ser, en algún momento, libres en cuanto al dinero. Son estrategias automatizadas muy, muy interesantes que yo recomiendo fervientemente. Te deseo mucha suerte.

      Un abrazo.

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  2. ¡Que cabeza tan bien amueblada!

    De mayor, quisiera ser como tú.

    Tus escritos, me parecen de un autético crack. Se leen bien, se entienden bien, siempre vas al grano, no te andas con rodeos, nos enseñas un montón…

    En fin, para no enrollarme.

    Gracias y sigue así.

    Eu

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    • Gracias, Eu, me siento muy halagado por tus palabras. Intentaré seguir así y hacer las cosas siempre lo mejor que pueda.

      La verdad es que me gusta comunicar y contar lo que sé. Y si sirve a las personas, pues mejor que mejor. Lo bueno que tengo es que no me cuesta trabajo, me sale sin más.

      Bueno, yo tampoco me enrollo. Un abrazo y gracias de nuevo.

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  3. Muchas gracias, Agustín
    No puedo estar más de acuerdo. Yo soy de esa generación que se pasaba días, meses incluso años, pensando cómo lanzar el producto o servicio perfecto. Invertías tiempo y dinero para desarrollarlo y en el 99% de los casos el producto o servicio era un fracaso. Ingresabas cero «pesetas». Hoy trabajo con jóvenes (y no tan jóvenes emprendedores y startups que con el Mínimo Producto viable se lanzan y van perfeccionando. Invirtiendo muchísimo menos dinero y tiempo. Pero con una rentabilidad muchísimo mayor. Porque al final de lo que se trata es de saber qué necesita el cliente y superar sus expectativas. Todo lo demás no cuenta y el ego, lo que menos cuenta.
    Muy buen artículo! Gracias.

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    • Gracias a ti, Alicia.

      Es cierto lo que comentas. Nos enamoramos tanto de nuestros productos y les dedicamos tanto cariño y energía que nos cuesta despegarnos de ellos. Pero ciertamente hay que cambiar el chip, empezar a pensar en la gente y hacer directamente lo que quiere el público.

      Suerte con tu trabajo y muchos éxitos.

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  4. Hola Agustin me encantó el articulo …voy a asimilar sus conceptos y con tu permiso lo voy a compartir en las redes ya que es muy interesante…

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  5. Buenas noches
    Gusto en saludar

    Sin duda un articulo muy interesante ya que te permite analizar de una manera diferente el como venias pensando y ejecutando proyectos….

    Saludos y gracias

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